Desahucios, por @despegante, @DanyBesteiro, @MikelG037 y @DivagandoBlog

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ENTRE LA ESPADA Y SIN PARED, DANY BESTEIRO

Gente sin casas, casas sin gente. Esta es una de las canciones más coreadas en las protestas y luchas que el grupo #StopDesahucios realiza por toda la geografía del estado. Con ella muestran una más de las desgracias que en los últimos años azotan el territorio español, mientras miles de viviendas no disponen de una familia que la ocupe, miles de ciudadanos son enviados a la exclusión social debido a impagos hipotecarios.

Muchas cosas tendrán que haberse hecho mal por todas las partes, cuando, cada día del primer trimestre de 2012, una media de 517 familias han perdido el hogar en el que desarrollaban su proyecto de vida.

¿Cuántos bancos vendieron hipotecas por encima de sus posibilidades? ¿Cuántas personas pensaron que sus posibilidades siempre serían suficientes para pagar sus elevadas hipotecas?

Porque este asunto muestra todos los ingredientes para que la ciudadanía se sienta frustrada.

En primer lugar, un sector bancario carente de moralidad que utilizó, utiliza y utilizará contratos con suficiente retahíla técnica que haga imposible el entendimiento del contrato firmado para todo aquel que no sea un experto en operaciones financieras. Un sector bancario que pone a tu disposición un experto que antes de que un cliente entre en la oficina y le cuente su situación, ya tiene claro cual debe ser el paquete bancario con el que ese cliente debe salir. Un sector bancario que, en el peor momento, ha dejado claro sus escrúpulos para las malas prácticas en la venta, como ejempliza el caso de las preferentes. En definitiva, un sector bancario, que no tiene un ápice de vergüenza al reclamar ayuda económica por parte de la sociedad, mientras rechaza todo tipo de soluciones a la misma sociedad que le ayuda.

Por otro lado, consta con la complicidad de todos los gobiernos que han pasado en los últimos 103 años por los diferentes regímenes que han gobernado en España. La ley hipotecaria de 1909, junto a la ley de enjuiciamiento civil de 2000 son las responsables de que desde 2008 se hayan producido 400.000 desahucios.

Consta con la complicidad de los partidos mayoritarios, los cuáles han bloqueado cuatro veces las propuestas de otros grupos no tan mayoritarios para la reforma de esta legislación.

Consta de la connivencia de los partidos que justificaron otras leyes con su impulsión en Europa, la misma Europa que ha decretado esta legislación como ilegal, a la vista que solo protege una de las partes, declarando abusivas las clausulas establecidas por esa parte.

Constituye la protección de estos partidos hacia la banca, realizando un bochornoso numerito interpretativo, intentando llegar a un supuesto consenso para modificar estas leyes, mientras deja fuera a la plataforma de afectados por la hipoteca, que ya tiene una propuesta realizada y redactada en forma de ILP (Iniciativa Legislativa Popular), que se asemeja mucho a la legislación que hay en el marco europeo y estadounidense y que además ya ha sido aprobada por más de medio millón de personas en España.

Y como último ingrediente a este cóctel explosivo, personas sufriendo. No sólo personas que aparecen en televisión llorando porque han perdido sus casas y no saben que va a pasar con sus vidas. No sólo personas que cuentan entre sollozos que además de perder todo el dinero invertido durante los años que pagaron sus hipotecas, además de perder el inmueble que hasta hace poco había sido su hogar, además tienen que seguir haciendo frente a una deuda con el banco, que no considera suficiente el dinero ya pagado y el propio valor de la propiedad.

Es que algunas de esas personas, hartas y cansadas de una situación que parece no tener fin, hastiados y aburridos de las penurias económicas que les impiden desarrollar sus vidas, deciden dejar la vida a un lado, y acabar así,  con su deuda de la única manera que los bancos no podrían seguir atosigándolas.

Tan cómplice se siente el gobierno que desde el año 2010 el INE ya no publica las tasas de suicidos en el estado español. La plataforma Stop Desahucios calcula que el 34% de los suicidios van directamente vinculados a esta situación.

Y es que, mientras el gobierno intenta vender la marca España como señal de progreso, futuro y lugar álgido para inversiones, primas y riesgos, los habitantes sienten una profunda sensación de indefensión y desigualdad. Ya que, parece que en España los gigantes financieros pueden tener todo el apoyo del gobierno, incluso para endeudar a todo el conjunto de la sociedad, mientras que los ciudadanos solo tienen derecho a una vivienda digna en la constitución, y si la situación del estado no está en condiciones de ofrecerte una posibilidad con la que hacer efectivo ese derecho, el ciudadano se quedará entre la espada y sin pared.

JAQUE A LA OBLIGACIÓN SOCIAL DE LA PROPIEDAD, ELI GALLARDO

La Constitución española recoge el derecho a la vivienda, como un derecho social y de propiedad, pero no establece la obligación de que el Estado provea de una vivienda a los ciudadanos, ni que ésta tenga que ser en propiedad.

El derecho real de propiedad, y más concretamente el derecho de propiedad de una vivienda, se ha consagrado entre nosotros como una convención social, una cierta obligación vital, mayoritaria entre los españoles. Este carácter de «obligación» no es baladí.

El sistema económico español, y el sector bancario en concreto, han sustentado las bases de la economía del ladrillo, en la que uno de los pilares económicos de todo nuestro Estado era la construcción; de él derivaba un tejido industrial muy importante, que en la Comunitat Valenciana puede observarse perfectamente con la industria cerámica y del mueble.

La «obligación» social de adquirir una vivienda en propiedad encajó a la perfección con esa estructura económica, y las constructoras y bancos tenían una oferta inelástica, donde por mucho que subiera el precio, seguiría habiendo compradores. Hasta la crisis de 2008.

Hasta bien entrada la crisis, la demanda de viviendas en propiedad se mantenía estable, pero las hipotecas se frenaron para no agrandar los llamados “activos tóxicos”, «obligaciones» que los deudores no podían pagar a los bancos, mientras que éstos se hacían con un ingente parque de viviendas en propiedad, y que solo una pequeña parte se ponía a la venta.

Lejos de buscar alternativas para la resolución de los contratos, y la ejecución hipotecaria, los bancos han decidido acumular inmuebles sin ofrecer alternativas a los deudores, que además de perder la vivienda, continúan debiendo su precio al banco. El núcleo duro del problema reside en el tipo de contrato de hipoteca: en contados casos existía posibilidad de negociación, pues en su mayoría eran contratos denominados por los civilistas «contratos de adhesión», donde la parte débil accede a las condiciones de la parte fuerte.

Así ha sido hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria, que ha provocado la ejecución de las hipotecas a favor de esa parte fuerte, mientras que la parte débil era desahuciada, sin que los poderes públicos intercedan en garantizar la vivienda, pues hemos visto que la Constitución la reconoce como derecho, pero no como obligación. Esta situación resulta tan paradójica que, si comparamos la situación actual con la España de los años cincuenta, tendremos razón al afirmar que el régimen fascista ofrecía más ayuda social que el régimen democrático. De manera voluntaria o involuntaria, se está abonando el terreno a la antipolítica y socavando (todavía más) la confianza en la democracia.

Los desahucios son a la vez punto de partida y punto de llegada. Son el punto de partida de una necesaria acción social, que no existe; los ciudadanos están desamparados, por culpa de esa «obligación» social, que los poderes políticos y judiciales no han sabido corregir. Como punto de llegada, se trata de víctimas de una autonomía contractual en la que partieron con desventaja, y cuyo núcleo duro, como hemos dicho, todavía se mantiene intacto.

Más allá de la visión económica, es la visión social la que reviste de mayor importancia, porque sirve para calibrar el modelo de Estado de bienestar y los desequilibrios del Estado social en el capitalismo. Los sucesivos suicidios que tienen lugar como consecuencia de este desarraigo social son la clara prueba de que la situación es de la mayor gravedad.

Para frenarlo se nos plantean varias medidas de choque provisionales. Una, condicionar el rescate bancario a la puesta en alquiler de las viviendas vacías en propiedad de las entidades. Dos, modificar el régimen contractual y la Ley y Reglamento Hipotecarios, para actualizarlo al contexto de crisis, adecuándolo a un nuevo modelo. Y tres, quizás la más importante, hacer pedagogía de un nuevo paradigma, en el que no sea «obligatorio» socialmente la propiedad de una vivienda.

El patrimonio que legamos a quienes nos suceden, no debería medirse en metros cuadrados.

LA RESPONSABILIDAD DE LOS DESAHUCIOS, JESÚS MARTÍNEZ

El tema de los desahucios es uno de los más complicados en la actualizad por dos razones: el volumen de gente afectada y la nula (o escasa) sensibilidad de los gobernantes ante este problema.

El primer error que se cometió en este aspecto fue el de tratar al mercado inmobiliario como si de un mercado más se tratase, sujeto casi en su totalidad a las “leyes del libre mercado” y bajo una escasa regularización.

La declaración de la vivienda como bien de primera necesidad (y un consecuente control exhausto de los precios) habría evitado muchos problemas, aunque seguiría en el aire la pregunta clave: ¿Qué hacer con un propietario que no puede pagar la hipoteca de su casa?.

Esta respuesta no es simple y tampoco debería ser la misma ante todos los casos. Debería estudiarse la razón por la cual el propietario ha dejado de pagar su hipoteca y quién es el principal responsable del impago.

La responsabilidad del gobierno sobre el acceso a la vivienda (junto al trabajo) es un buen marcador del grado de intrusismo del estado sobre las libertades individuales. Este intrusismo es siempre beneficioso cuando se realice desde la honestidad, aunque por otra parte realiza un traspaso de responsabilidad desde el individuo al gobierno, cosa con la cual mucha gente puede sentirse incómoda.

No debemos olvidar una cosa: la ejecución de los desahucios suele realizarse al cumplirse el contrato que mismo el propietario firmó, se supone, bajo total comprensión del mismo. La modificación de estos contratos con carácter retroactivo supondría un cambio de leyes que afectaría por igual a las entidades de financiación, independientemente de que hayan recibido o no ayuda del estado o hubieran aplicado cláusulas abusivas (pero legales).

España es un país donde, hasta la llegada de la crisis, era poca la gente interesada en la política. Más aún, aún es mucha la población que no valora el poder de su voto ni el resto de sus acciones. Casi nadie conoce realmente de donde saca su banco el porcentaje de beneficios mes a mes, pero ingresa religiosamente sus pocos o muchos ahorros sin evaluar siquiera el poder que entre todos otorgamos a los bancos. Eliminar parcialmente la responsabilidad del propietario en el proceso de adquisición de vivienda supondría un paso adelante en este aspecto.

Está claro que algo hay que hacer para detener los desahucios, como promover el alquiler social utilizando las viviendas de las entidades nacionalizadas, o mejorar la figura del tasador para independizar su trabajo de las inmobiliarias. Sin embargo, el principal objetivo debe ser evitar que esto vuelva a ocurrir en un futuro próximo. En ese sentido, cualquier ciudadano debe aprender de la responsabilidad sobre sus acciones.

EL MENSAJE DE LAS PLATAFORMAS ANTI-DESAHUCIOS: UN MENSAJE SOCIALMENTE EXITOSO, MIKEL GÓMEZ

Dicen los psicólogos y psiquiatras que perder tu hogar es mucho más que perder una pertenencia o una posesión.

 

  En el hogar se desarrolla una parte muy importante de la vida de las personas y las familias. Es el lugar de descanso, de tranquilidad, de seguridad. Sales de él y sales a un mundo hostil y agresivo. Pero en el hogar te sientes seguro. Puedes mostrarte tal y como eres y la presión de los convencionalismos sociales se reduce y la persona se puede mostrar más libre. En gran medida, el hogar define a la persona y es una parte inseparable de ella.

  Es por tanto muy comprensible la preocupación social que se ha generado con el tema de los desahucios en todo el estado. El elevado número de desahucios reflejan una realidad injusta para con las personas que están sufriendo estas situaciones, mas si tenemos en cuenta que muchos de ellos no tienen ninguna culpa de la situación que se les ha generado, ya que la crisis se está cebando con las clases medias.

  Sin embargo la problemática de los desahucios está encontrando a una serie de colectivos sociales y plataformas que están acertando plenamente con el mensaje publico que se vierte a la sociedad. Sin ser grandes expertos en comunicación política y social, estas personas que integran dichas plataformas han conseguido difundir un mensaje eficiente y consiguen no solo posicionar al resto de la sociedad en contra de los desahucios, sino que también están movilizando al conjunto de la misma ante esta problemática.

  Los elementos del mensaje de las plataformas contra los desahucios son claros y, en cierta manera se puede explicar esta movilización social gracias a ellos.

  Estos elementos serian:

  •   Dualidad entre el “bien” y el “mal”: El mensaje de las plataformas anti desahucios viene cargado de un componente muy importante de dualidad y bipolaridad en el conflicto. Es decir, existe en su mensaje un “bien” (el de los afectados, la solidaridad hacia ellos y la movilización social) y un “mal” (el que representa a bancos y cajas y la ayuda de una clase política muy desgastada a la que presentan como “cómplices necesarios” de la estafa perpetrada por los primeros). Es cierto que la crisis económica y la gestión que, tanto bancos y cajas han hecho de la misma y el mensaje utilizado, ayuda a presentarles como auténticos “buitres” o “usureros” más preocupados por los beneficios económicos que por el bienestar de las familias. Lo que han hecho las plataformas anti desahucios es aprovechar la percepción social en beneficio de su mensaje, forzando a la opinión pública a posicionarse a favor o en contra de las personas desahuciadas. La empatía social y la solidaridad altruista han hecho el resto, decantando al conjunto de la sociedad a favor de los desahuciados.
  •   Igualar mediante la empatía: Hacer que todo ciudadano pueda verse en situaciones de desamparo ante las agresiones de la banca, al margen de su posición social es un activo para el mensaje de estas plataformas. Para ello no vale solo con presentar grandes datos económicos y razonamientos teóricos. Además, se está personificando el drama al contar y socializar casos concretos de personas desahuciadas con el fin de generar empatía. Se trata de igualar a las personas desahuciadas con el resto de los ciudadanos.
  •     Acabar con la vergüenza a la pobreza: Aquí llega el logro más meritorio de estas plataformas. Conseguir que miles de casos abandonen el anonimato y cuenten sus problemas al resto de la sociedad es un logro importantísimo y dota de valor al mensaje de la lucha contra los desahucios. La vergüenza a la pobreza, venia en gran medida, apoyada en el sentimiento de culpabilidad que tenían las personas con menos recursos de la sociedad, sentimiento de culpabilidad que se sustentaba en un mensaje “perverso” de las grandes estructuras mediáticas y culturales del capitalismo, que incluso llegaban a criminalizar a las familias con menos recursos. El éxito de las plataformas anti desahucios ha sido el de hacer que dichas personas adquieran una conciencia de victimas y no de culpables. Pero no de victimas que se quedan quietas y hacen de su situación un drama, sino de victimas que se muestran activas y dispuestas a cambiar su destino a traves de la acción colectiva frente al “mal” que representan los poderes financieros.
  • Activismo: Precisamente es, mediante la acción colectiva de los propios afectados, lo que, en mi opinión, ha movilizado en su favor a mayor parte de la sociedad. Las plataformas anti desahucios han empoderado a los afectados mediante la movilización y la presión social. Les han hecho sentirse responsables de su destino y les han dado herramientas para derrotar a los grandes poderes financieros. Las plataformas anti desahucios han hecho posible que, mediante la movilización los bancos sean “Goliats” que pueden ser derrotados. Poderosos con los pies de barro, a los cuales se les ha encontrado su tendón de Aquiles (la mala publicidad y el desgaste a la imagen corporativa de los mismos).
  • La comunicación en red: La forma de comunicar es una parte importantísima dentro del mensaje de cualquier colectivo o movimiento social. Bajar a la calle y mostrarse activos en ella ha hecho que los grandes medios de comunicación tengan que difundir también el mensaje. La sociedad gracias a sus “redes sociales naturales” ha impuesto su agenda a unos medios de comunicación demasiado fagocitados por los poderes económicos.

        Estos elementos son, a mi parecer, los más importantes dentro del mensaje de las Plataformas de Afectados por la Hipoteca (PAH) y de Stop Desahucios y como ya he señalado anteriormente, no han requerido de expertos en comunicación para hacerlo eficiente.

           Y es que, la comunicación, ya no es de los grandes medios de comunicación o de los gabinetes de los partidos políticos y las empresas. La comunicación ya es del pueblo.

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